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Desdeloarto

Genial Pepe Recuero como siempre; No cambies nunca¡

Esta es la pequeña historia
de un chavalito, un bambino,
que no destacaba por nada
ni siquiera de apellidos.

De Gozález Vázquez fue,
de ahí lo de Bernardino,
pa que tó er mundo supiera
por dónde pasaba el niño.

Tampoco era un lumbreras,
uno más del montonsito,
uno más pa cualquier cosa,
como hijo de vecino.

Pero había un "no sé qué..."
"qué sé yo... cómo decirlo"...
pensaba pa sus adentros
el bueno de Bernardino.

Pasaron algunos años
hasta que al fin ya lo dijo:
Era lo de la música
pa lo que había nacido.

Enfocando esta afición...
¿A qué instrumento dirijo
la habilidá y tó el arte
que llevo dentro escondío?

¿Será la trompeta o el arpa?
¿Acaso el bombardino?
O algún instrumento de cuerda...
¿Los timbales y platillos?
¿El violín o el violonchelo?
¿La ocarina? ¿El flautino?...

Y así se llevó probando
con todos los conocidos,
fallando con todos ellos.
¿Tendría problemas de oídos?

Hasta que un día paseando
con las manos en los borsillos
amargado con su suerte
ocurrió lo nunca visto.

Sus labios los apretó
y le salió... un sirbío.
El resurtao le gustó
y practicó con ahínco.

Pero le faltaba algo
que potenciara el sonido.
¿Dónde estará lo que busco?
Un artilugio sencillo
que no me complique la vida
pa transportarlo, argo chico...

Y por fin cayó en la cuenta
pasando por un quiosquito.
Tres por un euro ponía
a su vera un cartelito.

Allí estaba el gran tesoro.
Era aquello, Santo Cristo.
Era aquello lo que encajaba
para su fin pretendido:
metidito en una caja
un sencillo y humilde pito.

Le gustó... pa reventá.
Cientos, miles de soplíos
probando con más modelos
hasta dar con el más fino.

Por culpa de esta afición
a árbitro se metió el tío.
¿A dónde un lugar mejor
para hacer sonar su grito
que un campo lleno de gente
tós pendientes de su pito?

No sabía de partituras
ni falta nunca le hizo.
El pentagrama no eran
más que renglones torsíos
todo llenito de puntos
que a alguien les habrán servío.

Le fartaba interpretá
al bueno de Bernardino
todo aquel maremagnum
de puntos blancos y negros
y rayitas y simbolitos.
Qué jeroglífico, joé...
¿No podré nunca, ay Dios mío?

Un domingo al fin triunfó
arbitrando un gran partido.
Para ello no importó
dejar al Campeón malherido
pa que ganara el de casa,
su afición está contigo.

Ni corcheas, ni fusas, no.
Ni cosas por el estilo:
Un Calderón a tus pies
con "Alegro" a tí rendido.

Que te den mucho por saco
mi querido Bernardino,
que además de los que ya llevo,
tú tienes premio, hijo mío.

__________________________

Un abrazo sevillón

Pepe Recuero


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